El mural de Rosa María Pascual de Gámez 1995

 

De izquierda a derecha, el mural comienza con el ANTEAYER, un tanto en penumbra, no en oscuridad total, pues aunque los mayas no conocían entonces el evangelio, tuvieron siempre presente la luz de Dios en sus vidas a través de la comunión con la naturaleza, con el cosmos, y en sus valores humanos.

En la playa, un religioso de rodillas agradece a Dios su llegada. Luego se ve a Fray Bartolomé de Las Casas bautizando a un indígena; a Fray Luis de Cáncer, que utilizó el canto de coplas como instrumento de evangelización; sigue Fray Domingo de Vico con su palma del martirio frente a la primera sencilla iglesia que en un enfrentamiento con choles y acalaes fue quemada y donde murieron Vico y sus compañeros.

De un cementerio se elevan los espíritus de los antepasados, siempre presentes en las ofrendas y en la vida de los q'eqchies, que suben a unirse a los barriletes gigantes, tradición de otros pueblos mediante la que se comunicaban con sus antepasados. Aquí vuelven a tener importancia los puntos cardinales ya que se entierra a los muertos viendo al oriente pues Jesús vendrá por donde sale el sol.

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